Elecciones municipales

—¡Retírense! —grita un hombre que lleva una visera negra.

La gente se mueve distraída, haciendo caso omiso a la orden. “Crec-crec”, parece que algo no funciona entre las manos del sujeto, hasta que, con un fuerte estruendo, la bala sale disparada de entre sus dedos. El proyectil sigue la línea recta, penetrando directamente el pecho del candidato. El hombre cae al suelo, inconsciente.

Castigo nativo

Los madereros se dedican a despoblar los árboles de la selva amazónica. Cada día, salen de la selva un número incontable de camiones arrastrando remolques llenos de troncos de árbol. Llevan la madera a la “civilización”, donde se transforma en puertas, palos de escoba y muebles. Sin embargo, el proceso no es cíclico y, a falta de reforestación, cada vez menos árboles habitan la selva amazónica, el pulmón del mundo.

 


Clases de natación

Tenía cinco años cuando Óscar, el jardinero, me enseñó a nadar. De pequeño, la experiencia nunca me gustó. Solo con el tiempo, empecé a encontrar placer en el asunto, permitiéndome conseguir, además, buena cantidad de plata.

La abeja gringa


Cierto día nació, en una comunidad nativa, un niño gringuito. La comunidad entera quedó sorprendida al ver la piel del muchacho, blanca como la leche, los ojos verdes como los del gato y el cabello rubio como los rayos del sol. Todos miraban a la madre con recelo y al padre con compasión.

Lluvia

—¿De qué mes eres? —me pregunta Solenma, mientras esperamos que pase la lluvia bajo un cobertizo. 

—De noviembre —le respondo. 

—Ah ya —y se queda callada.


Fragmentos cotidianos IV

—Y los incas, ¿de dónde salieron? Si Dios creó al hombre en el Jardín del Edén, ¿cómo llegaron acá? ¿No serán hijos de Caín?

Los sacaojos

Corriendo regresa Centeno desde el interior de la selva con un cuerpo entre los brazos. Es el cuerpo sin vida de un niño, un niño sin ojos.

Fragmentos cotidianos II

—Y, ¿cuántos habitantes tiene Kiatari?
—Doscientos.
—¿Con mujeres y todo?
—Ahh, no, entonces, ¡cuántos serán!



¡Carajo, Tío!

—¡Carajo, Tío! ¿Por qué a él, mi favorito? ¡La puta madre! ¿Por qué carajo te llevaste a mi hijo?

La montaña gime con los lamentos, surgidos desde sus mismas entrañas. Ante la figura demoníaca, Guillermo llora y se retuerce. Su cuerpo se ha convertido en un polvoriento saco de lágrimas y huesos.

Hipocondría en el bus

—¡Buenos días, estimados pasajeros! Deseo que tengan, todos ustedes, un buen viaje.

El señor, que parece trabajar para el bus, se dirige al improvisado público con una voz tan potente que despierta a los más adormecidos.

—Les veo bien acomodados en sus asientos, algunos incluso durmiendo —suspira—. Y en estos momentos les pregunto, ¿quién se acuerda de Dios? —con el dedo índice extendido señala los pasajeros aleatoriamente—. Caminan sus vidas sin apenas acordarse de Él, luego, una desgracia les acontece y llorando corren a la iglesia a rezarle un séquito de Padrenuestros. 


Fragmentos cotidianos I

—¡Buenos días seño!
—Buenos días, caserita, ¿qué será?
—¿Tiene huevos?
—Hay.
—Póngame un par, por favor.
—¿Un par de huevos? —ríe, pícara— ¿Con salchicha más?


Mercado de Tupiza, Bolivia

Memoria, Verdad, Justicia

Mi querido hijo,

Cuando leás esta carta, dedicame una oración. Orá por mi alma, para que descanse en paz tras tantos años de engaños y sufrimiento. Rezá por mí, para que Dios me perdone y me permita gozar de la gloria del cielo.