Los sacaojos

Corriendo regresa Centeno desde el interior de la selva con un cuerpo entre los brazos. Es el cuerpo sin vida de un niño, un niño sin ojos.

Fragmentos cotidianos II

—Y, ¿cuántos habitantes tiene Kiatari?
—Doscientos.
—¿Con mujeres y todo?
—Ahh, no, entonces, ¡cuántos serán!



¡Carajo, Tío!

—¡Carajo, Tío! ¿Por qué a él, mi favorito? ¡La puta madre! ¿Por qué carajo te llevaste a mi hijo?

La montaña gime con los lamentos, surgidos desde sus mismas entrañas. Ante la figura demoníaca, Guillermo llora y se retuerce. Su cuerpo se ha convertido en un polvoriento saco de lágrimas y huesos.

Hipocondría en el bus

—¡Buenos días, estimados pasajeros! Deseo que tengan, todos ustedes, un buen viaje.

El señor, que parece trabajar para el bus, se dirige al improvisado público con una voz tan potente que despierta a los más adormecidos.

—Les veo bien acomodados en sus asientos, algunos incluso durmiendo —suspira—. Y en estos momentos les pregunto, ¿quién se acuerda de Dios? —con el dedo índice extendido señala los pasajeros aleatoriamente—. Caminan sus vidas sin apenas acordarse de Él, luego, una desgracia les acontece y llorando corren a la iglesia a rezarle un séquito de Padrenuestros. 


Fragmentos cotidianos I

—¡Buenos días seño!
—Buenos días, caserita, ¿qué será?
—¿Tiene huevos?
—Hay.
—Póngame un par, por favor.
—¿Un par de huevos? —ríe, pícara— ¿Con salchicha más?


Mercado de Tupiza, Bolivia

Memoria, Verdad, Justicia

Mi querido hijo,

Cuando leás esta carta, dedicame una oración. Orá por mi alma, para que descanse en paz tras tantos años de engaños y sufrimiento. Rezá por mí, para que Dios me perdone y me permita gozar de la gloria del cielo.