Fragmentos cotidianos II
—Y, ¿cuántos habitantes tiene Kiatari?
—Doscientos.
—¿Con mujeres y todo?
—Ahh, no, entonces, ¡cuántos serán!
—Doscientos.
—¿Con mujeres y todo?
—Ahh, no, entonces, ¡cuántos serán!
Hipocondría en el bus
—¡Buenos días, estimados
pasajeros! Deseo que tengan, todos ustedes, un buen viaje.
El señor, que parece trabajar
para el bus, se dirige al improvisado público con una voz tan potente que
despierta a los más adormecidos.
—Les veo bien
acomodados en sus asientos, algunos incluso durmiendo —suspira—. Y en estos
momentos les pregunto, ¿quién se acuerda de Dios? —con el dedo índice extendido
señala los pasajeros aleatoriamente—. Caminan sus vidas sin apenas acordarse de
Él, luego, una desgracia les acontece y llorando corren a la iglesia a rezarle
un séquito de Padrenuestros.
Fragmentos cotidianos I
—¡Buenos días seño!
—Buenos días, caserita, ¿qué será?
—¿Tiene huevos?
—Hay.
—Póngame un par, por favor.
—¿Un par de huevos? —ríe, pícara— ¿Con salchicha más?
—Buenos días, caserita, ¿qué será?
—¿Tiene huevos?
—Hay.
—Póngame un par, por favor.
—¿Un par de huevos? —ríe, pícara— ¿Con salchicha más?
Mercado de Tupiza, Bolivia
Memoria, Verdad, Justicia
Mi querido hijo,
Cuando leás esta carta, dedicame una
oración. Orá por mi alma, para que descanse en paz tras tantos años de engaños
y sufrimiento. Rezá por mí, para que Dios me perdone y me permita gozar de la gloria
del cielo.
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