Tenía cinco años cuando Óscar, el jardinero, me enseñó a nadar. De pequeño, la experiencia nunca me gustó. Solo con el tiempo, empecé a encontrar placer en el asunto, permitiéndome conseguir, además, buena cantidad de plata.
La abeja gringa
Cierto día nació, en una comunidad nativa, un niño gringuito. La comunidad entera quedó sorprendida al ver la piel del muchacho, blanca como la leche, los ojos verdes como los del gato y el cabello rubio como los rayos del sol. Todos miraban a la madre con recelo y al padre con compasión.
Lluvia
—¿De qué mes eres? —me pregunta Solenma, mientras esperamos que pase la lluvia bajo un cobertizo.
—De noviembre —le respondo.
—Ah ya —y se queda callada.
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