La gente se mueve distraída, haciendo caso omiso a la orden. “Crec-crec”, parece que algo no funciona entre las manos del sujeto, hasta que, con un fuerte estruendo, la bala sale disparada de entre sus dedos. El proyectil sigue la línea recta, penetrando directamente el pecho del candidato. El hombre cae al suelo, inconsciente.
Elecciones municipales
—¡Retírense! —grita un hombre que lleva una visera negra.
La gente se mueve distraída, haciendo caso omiso a la orden. “Crec-crec”, parece que algo no funciona entre las manos del sujeto, hasta que, con un fuerte estruendo, la bala sale disparada de entre sus dedos. El proyectil sigue la línea recta, penetrando directamente el pecho del candidato. El hombre cae al suelo, inconsciente.
La gente se mueve distraída, haciendo caso omiso a la orden. “Crec-crec”, parece que algo no funciona entre las manos del sujeto, hasta que, con un fuerte estruendo, la bala sale disparada de entre sus dedos. El proyectil sigue la línea recta, penetrando directamente el pecho del candidato. El hombre cae al suelo, inconsciente.
Castigo nativo
Los
madereros se dedican a despoblar los árboles de la selva amazónica.
Cada día, salen de la selva un número incontable de camiones arrastrando
remolques llenos de troncos de árbol. Llevan la madera a la
“civilización”, donde se transforma en puertas, palos de escoba y
muebles. Sin embargo, el proceso no es cíclico y, a falta de
reforestación, cada vez menos árboles habitan la selva amazónica, el
pulmón del mundo.
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